¿Por qué es tan importante la inteligencia emocional y las habilidades sociales, también en el mundo empresarial? Hemos asistido a una charla impartida por Idoia Postigo dentro de las jornadas de Profesionalidad de Getxolan y queremos compartir nuestras notas con las personas que emprenden, pymes y empresas que busquen mejorar. ¿Cómo definir la inteligencia emocional? Según Daniel Goleman: es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotr@s mismos. Idoia fue hilvanando ideas, aplicables a todos los ámbitos de nuestra vida; recogemos algunas de sus ideas (imposible condensarla, no perdáis la oportunidad de acudir a alguna de sus charlas, un gustazo escucharla):

1. ¿Por qué son importantes las emociones?


Emoción = acción y movimiento, es una respuesta física y psicológica ante una situación real o imaginaria. En nuestra gestión de las emociones interviene la parte primitiva de nuestro cerebro, desarrollada en épocas pasadas, donde estaba en juego la supervivencia de la especie. Ante una situación concreta, podemos sufrir un secuestro emocional, una reacción donde nuestra amígdala nos juega una mala pasada. Cualquiera puede vivir una situación de este tipo.

2 – Inteligencia intrapersonal o conocerse (estilos emocionales, tabúes, la autoestima, algunas pautas)


El primer paso es el conocimiento y el reconocimiento de nuestras propias emociones, hacerse una auto-radiografía. Creemos conocernos pero reflejamos una realidad muy distinta y se traduce en que el resto nos percibe diferentes. ¿Qué tipo de persona eres? Hay múltiples definiciones, pero nos quedamos con la siguiente: a) consciente, b) víctima (sufre secuestros emocionales, más o menos continuos) o c) resignada (en la línea de la apatía, la melancolía, la tristeza) Los tabúes: todas las emociones son válidas pero no todas las acciones que provocan lo son. A través de la educación recibida, hemos aprendido qué emociones son políticamente correctas y cuáles no, qué podemos sentir y qué sentimientos no van a ser bien recibidos por los que nos rodean. Para ser socialmente aceptados, aprendemos a camuflar las emociones, auto-engañarnos y justificarnos. Estamos en continua conversación con nosotr@s mism@s y adoptamos una posición de autocrítica que roza la crueldad en muchos casos. Somos nuestro peor enemigo. ¿Consejo? Intentar ser conscientes de nuestro propio diálogo, resaltar nuestras fortalezas, querernos y fomentar nuestra autoestima. Tratar de vivir y pensar al margen de nuestras emociones es una falacia. Ni lo intentes. Una buena actitud: permitirse sentir.

3. Escuchar y gestionar tus emociones (pensamiento-emoción-reacción, reprogramar conductas aprendidas, emociones positivas)


Las emociones son mensajes,  deben ser escuchados y analizados: desgranar un problema proporciona pautas para solucionarlo. Hay maniobras que te permiten, como individuo, controlar tus emociones. Tu estilo hará que optes por un modo u otro; algunos ejemplos: suprimir (suspender momentáneamente la reacción, no es el momento, estoy en una reunión), rechazar (negárnoslo, me lo llevo al subconsciente), disfrazar (esta persona no me inspira confianza), esconder (no expresar, no me pasa nada), transformar (por ejemplo, en vez de enfadarme, motivar para que alguien haga algo) Si los hechos hacen que ocurran las acciones, todas las personas reaccionaríamos igual. En realidad el pensamiento genera emociones que son las que provocan las reacciones. Está mal visto decir que seas feliz, por pura cuestión de supervivencia, solemos tener el foco en lo negativo. El 40% de tu felicidad depende de tu comportamiento diario, de tu enfoque vital y de cómo juzgas tú a los demás y a ti mismo; el 50% de tu genética y el 10% del entorno. Concentrarse en ser feliz. Algunos trucos: la risa, los “anclajes” (vincular algo físico con un recuerdo positivo del pasado), disfrutar conscientemente del presente, convivir con nuestras imperfecciones – no pasa nada por ser humanos -, dar las gracias,…

4. Reconocimiento de las emociones ajenas (empatía, la carga heredada y el amor, patrones emocionales)


El amor es la necesidad emocional básica del ser humano, en todas sus variables. En el primer año y medio de vida, recibimos el mensaje si somos dignos de ser amados, y es una mochila para toda la vida. La imagen que tengo de mí es lo que proyecto a los demás. Transmitir amor incondicional a nuestras personas cercanas (en especial, los niños): te quiero como eres, por ser tú, aceptación sana y sin condiciones; critico los hechos pero no las personas. Desterrar las críticas, la humillación, las comparaciones, las etiquetas,…en la base del respeto. Repetimos patrones emocionales que hemos vivido: ¿qué es lo deseable? familias emocionalmente competentes. La buena noticia es que podemos cambiar estas conductas. Dos extremos: sentir empatía (escuchar y contagiarse de su estado, ponerse en la piel del vecino) frente a los incompetentes sociales (no entienden cuándo una conversación finaliza) o los camaleones sociales (los guays) La regla de la comunicación 7-38-55: 7% de palabras, 38% la voz y 55% restante la fisiología. En ese resto, están incluidas las emociones.

5. El control de las relaciones (liderazgo, rapport, gestión del conflicto)


El camino hacia el liderazgo: 1º observar, 2º mimetizarse y esperar un gesto de aprobación, 3º comenzar a liderar. El primer paso para influir en una relación social es ser uno más. Es la base del rapport: una especie de imitación o coreografía donde te mimetizas físicamente, hasta con la respiración de la persona. Consiste en tratar a los demás como ellos quieren ser tratados. El conflicto es inevitable en las relaciones humanas. Cuando surge es sinónimo de cambio. Mantener actitudes asertivas es una forma de neutralizar a los saboteadores: comunico mis deseos sin agredir a nadie. Regla XYZ, donde hablo de las emociones que en mí provoca determinada cuestión: cuando tú has hecho X, yo he sentido Y y me gustaría hacer Z. Las emociones son incuestionables. Actitudes agresivas y pasivas, a la larga, tienen efectos negativos y merman nuestra autoestima, hay que evitarlas.

6. Las emociones en el mundo laboral (rendimiento, motivación y optimismo responsable)


En la empresa, el mundo emocional no está trabajado y se maquilla con frases tipo en esta empresa lo más importante son las personas. Dosis adecuadas de estrés fomentan la eficiencia laboral pero el exceso provoca la parálisis, frustración,… ¿Cómo fomentar la motivación y la perseverancia? 1º Tener una meta, un objetivo, una razón de ser, 2º Sentir una tensión o incomodidad que promueva el cambio, 3º Asumir la imperfección en la meta definida, mostrar flexibilidad, 4º No permitir que nadie te traspase tus limitaciones, tú defines tus propios límites, 5º Revisar periódicamente tus objetivos y elegir y ajustar tu camino. Elegir empodera, controlas tu vida. La cuestión no es no caerse, sino en levantarse cada vez que nos caemos: trabajar y ser perseverante. Aplicar el humor y la creatividad, dos cualidades que no te harán menos profesional. Evitar a las personas con creencias limitantes y expertas en profecías autocumplidas. Optar por un optimismo realista, tomar las riendas de tu vida. Eres el responsable de tu vida, tú deseas, tú eliges, no eres la víctima sino la protagonista de tu vida.

7. ¿Cómo se cambia una conducta aprendida?


Buscar el compromiso, ser práctico, ensayar mentalmente, no improvisar, detectar y actuar. Practicar, cuando veas sus ventajas, irás mejorando. El cambio no es fácil pero sí posible. Si te ha resultado interesante este artículo, puedes compartirnos por las redes sociales.

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